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sábado, 30 de junio de 2018

¿La felicidad es cosa de plebeyos?

Los días y las frases: eLa felicidad es cosa de plebeyos, significado y autor.
La felicidad es cosa de plebeyos
Momentos de felicidad de Goethe
descansando en la Campagna
Hay muchas conceptos que están sobrevalorados. Me temo que la felicidad es uno de ellos. A mi siempre me lo ha parecido. Todo lo que es obligatorio --como el ser feliz--, es limitante, te acaba condicionando y, por tanto, y contradictoriamente, te impide ser feliz...

La culpa está en tener como ideal de vida ser feliz, incluso hay una constitución --la de los EE.UU.--que recoge el derecho a buscar la felicidad.

Aquí es donde ya aparece la contradicción, solo la buscan quienes no la tienen, los infelices son los que hacen de su búsqueda su proyecto vital y de esta manera aún son más desdichados.

Por eso tenia razón el genial Goethe cuando dijo que «la felicidad es cosa de plebeyos». Solo echamos en falta aquello de lo que carecemos, como la salud o la felicidad, que se añora cuando no se tiene. Por eso es de plebeyos, los nobles no tiene la preocupación por la felicidad porque se les da por descontado. 

Felicidad byroniana
El cojo Lord Byron
En su día, Borges me engaño cuando dijo «he cometido el mayor de los pecados: no ser feliz», me conmovió la sinceridad de su declaración. Después leí La conquista de la Felicidad del lógico Bertrand Russell y entendí bien que la única actitud digna y elegante que cabe para el noble cultivado es la infelicidad byroniana, que Russell criticaba. La frase de Borges es por supuesto irónica.

La felicidad es una ficción, un mito --como dice Gustavo Bueno--, una religión, un ideal de vida improductivo y falso. No hay que perder el tiempo, es absolutamente una cosa de plebeyos...

Aunque las autoridades no dejan de insistir e incluso ahora han proclamado el 20 de marzo como el día internacional de la felicidad. Happiness day le dicen y está incluso avalado por la UN. 



4 comentarios:

  1. En la línea:
    https://www.lavanguardia.com/lacontra/20180802/451187640763/la-felicidad-se-ha-convertido-en-un-instrumento-de-tortura.html

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  2. Schopenhauer también:
    https://elpais.com/cultura/2018/08/01/babelia/1533124916_027685.html?por=mosaico

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  3. ¿De verdad crees que Borges estaba siendo irónico con lo de «He cometido el peor de los pecados / que un hombre puede cometer. No he sido / feliz»? Para mí, es una oración muy contundente para comenzar un soneto aún más grave y sentencioso según avanza —además de estilísticamente increíble con la originalidad de los catorce encabalgamientos y estructuración libre de las estrofas—. Se redactó y publicó apenas unos días después de la muerte de su queridísima madre, y, para mí, transmite muy bien el desasosiego de no haberla satisfecha por su angustia existencial, toda la frustración tras el triste fracaso de un vida. De manera que sí, tal vez describa la felicidad como una imposición, pero no creo que lo haga a partir la ironía o el amaneramiento propio del poeta, sino desde la más cruenta realidad psicológica. Yo puedo afirmar que, desde la profunda confusión y desorden existencial propios de alguien que escribe una digresión tan fútil en una entrada así, he llorado con dicho poema en numerosas y variopintas ocasiones (por ejemplo, en un viaje escolar a Roma después de que la policía me detuviese por estar presuntamente desaparecido en Francia). Supongo que diría Pessoa: «El poeta es un fingidor.
    Finge tan completamente
    Que hasta finge que es dolor
    El dolor que de veras siente.

    Y quienes leen lo que escribe,
    Sienten, en el dolor leído,
    No los dos que el poeta vive
    Sino aquél que no han tenido».

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    Respuestas
    1. Gracias por tus comentarios. Por supuesto, es una apreciación personal y en el contexto de la tesis de esta entrada: quien la busca es porque la no tiene (la felicidad). Aquí aporto el poema completo:

      He cometido el peor de los pecados
      que un hombre puede cometer. No he sido
      feliz. Que los glaciares del olvido
      me arrastren y me pierdan, despiadados.

      Mis padres me engendraron para el juego
      arriesgado y hermoso de la vida,
      para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
      Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

      no fue su joven voluntad. Mi mente
      se aplicó a las simétricas porfías
      del arte, que entreteje naderías.

      Me legaron valor. No fui valiente.
      No me abandona. Siempre está a mi lado
      La sombra de haber sido un desdichado.

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